Ni una sola entrada en todo 2012. No me parece una muestra positiva de mis andanzas de escribiente. Es algo a cambiar en el nuevo año.
Comienzo el año con una andanada en toda la línea de flotación: según parece, Islandia no es exactamente como nos están contando. También allí la política no es más que la tramoya de los banqueros, un teatro de máscaras sonrientes que dicen una cosa mientras ejecutan exactamente la opuesta. También allí se "rescata" a los bancos y se condena a las personas.
El despertar está siendo largo, demasiado largo para mi gusto. Ya quedó atrás aquella inocencia (o ingenuidad) que nos hacía ver a los políticos como personas realmente preocupadas por la correcta gestión de lo público, siquiera fuese de un modo oblicuo o colateral. Atrás va quedando también el mito capitalista, en cuya base está esa curiosa idea de que la competencia de egoísmos deviene en mejora del interés común (tan sólo los más recalcitrantes, o los más egoístas, pueden seguir creyendo esa patraña).
Se va generalizando la idea de que nada se va a cambiar a través de protestas, huelgas o manifestaciones. Ningún grito es lo bastante potente como para que lo escuche un sordo. Los políticos no están interesados en representar a sus electores, sino que más bien pretenden ejercer de conductores, de líderes de la masa. No escuchan lo que dicen los votantes sino que son ellos quienes dicen a los votantes cómo deben pensar, sentir y actuar. La política ha quedado reducida a una batalla de audiencias, donde cada partido político no es más que una cadena de TV pretendiendo aumentar su cuota de pantalla y que no emite más que publicidad a todas horas.
Lo que me desespera no es que se siga protestando: eso es algo imprescindible dentro del proceso. Lo que me desespera es que, al modo de ¿quién se ha llevado mi queso? siga habiendo una enorme cantidad de gente que está en las últimas, sin trabajo, sin dinero, sin apoyo institucional, sobreviviendo de la ayuda, y aún así siga esperando contra toda evidencia que las cosas vuelvan atrás y que de alguna manera mágica todo se arregle.
Las cosas no se van a "arreglar", porque quienes las han llevado a este punto no consideran que estén "estropeadas". La "crisis" es un paso más dentro de un proceso, cuya dirección manifiesta es apropiarse de todo el país e imponer en él la organización jerárquica propia de la empresa privada. Los alcaldes serán nuestros jefes inmediatos, las Cortes cumplirán con el papel del comité de empresa y el gobierno se convertirá en consejo de dirección ejecutivo, exento de cualquier ideología que no sea obtener el máximo beneficio para el accioniado. El cual, por cierto, está compuesto exclusivamente por quienes tienen dinero.
Todo esto se hace cada día más obvio y sin embargo.... sin embargo muchos, muchísimos siguen esperando que vuelva a aparecer el queso.
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
martes, 8 de enero de 2013
miércoles, 16 de marzo de 2011
Nueve razones a favor de la inmigración
Encontré por ahí algo que escribí hace 5 años, cuando se debatía sobre la Ley de Extranjería. Me pareció interesante compartirlo (con unos pequeños cambios).
1. La inmigración nos resulta muy provechosa, como país.
Los inmigrantes son mayormente personas en edad de trabajar. Esto es un gran ahorro para el país, que no tiene que costear su formación. Cotizan a la SS y generan dinero desde el principio. Gracias a ello, las cuentas de la SS están dando superávits en los últimos años (muchos más ingresos, y pocos más gastos asistenciales). Estos buenos resultados estorban las pretensiones de privatización de la sanidad.
2. Las pensiones.
La población española envejece y esto causa problemas en el sistema de pensiones de la Seguridad Social. Los inmigrantes rejuvenecen la población y aportan dinero para las pensiones. También esto es un estorbo a las pretensiones de privatización de las pensiones.
3. Viento fresco.
La sociedad española se está quedando apolillada, enmohecida, demasiado estática. Algo pasa cuando un partido tan rancio como el PP se mantiene 8 años en el poder y sale de él un poco de carambola. En medio del conservadurismo apático que nos rodea, el ímpetu de los inmigrantes supone una nueva referencia para muchos.
4. Puestos de trabajo.
Un argumento que se usa contra la inmigración es que reduce los puestos de trabajo disponibles para los "nativos". Este es un argumento falaz. ¿Acaso se está diciendo que hay un número fijo, limitado, de puestos de trabajo en el país? Entonces la población no podría crecer nunca, ni por inmigración ni por natalidad. Por otro lado, los inmigrantes también son consumidores, con lo que incrementan el mercado y las oportunidades de negocio. Es la voracidad de los banqueros y grandes empresarios la que frena el desarrollo, estanca la economía y destruye puestos de trabajo.
5. "Enemigo" común.
También se argumenta que los inmigrantes cobran menos y ponen menos condiciones para trabajar, y que esto redunda en peores salarios y condiciones para los demás. Ahora bien, estas condiciones no las ponen los inmigrantes, que desde luego preferirían estar en igualdad con los "nativos". Los explotadores imponen distintas condiciones gracias a que se mantiene una diferencia artificial, que desaparecería si todos los trabajadores (inmigrantes o no) hicieran frente común contra la explotación.
6. Visión "clasista".
Al diferenciar entre "locales" e "inmigrantes", se está de hecho aceptando la idea de que hay diferencias entre unos ciudadanos y otros basándose en el criterio de que "siempre han estado ahí". Es el mismo argumento que aplican los poderosos, que mantienen las diferencias con el resto de la población basándose igualmente en el criterio de que "siempre han estado ahí" (en el poder).
7. Reciprocidad.
Las fronteras dificultan el paso de personas en busca de un futuro; también dificultan (mediante aduanas) el paso de mercancías que podrían suponer un futuro para esas mismas personas. Sin embargo, no se pone ningún impedimento al dinero y a las materias primas producto del expolio. ¿Cómo justificar a un tiempo el despojo y la segregación?
8. Países de frontera.
A Europa, baluarte autocomplaciente de los derechos humanos, no le interesa hacer visible la desigualdad de trato hacia los inmigrantes, sobre todo en las fronteras, donde se establecen las condiciones de entrada (indefensión, desigualdad, sometimiento, etc). Las fronteras se trasladan entonces al exterior, "fuera" de Europa. Los gobiernos de países de frontera, como los norteafricanos, conscientes de su papel, no dudan en reclamar su parte del pastel: hacen el trabajo sucio a cambio de dinero, y de este modo la inmigración se convierte en mercancía, en arma de propaganda para déspotas "amigos" de Occidente.
9. Retorno.
Una de las primeras preocupaciones de los inmigrantes, una vez establecidos, es ayudar a sus familias en origen, hasta tal punto que sus aportaciones están llegando a elevar el nivel de vida de regiones enteras. Cada año vemos circular en procesión a cientos de miles de inmigrantes que vuelven a sus países de origen, llevando un dinero, una esperanza y una experiencia que nosotros, europeos bienpensantes con la boca llena de "humanidad", no parecemos capaces de proporcionar.
Está claro que la inmigración es un problema a solucionar en origen. Pero es importante comprender que el problema está siendo generado desde aquí, y que el cierre de fronteras es parte del problema y no puede ser nunca parte de la solución.
1. La inmigración nos resulta muy provechosa, como país.
Los inmigrantes son mayormente personas en edad de trabajar. Esto es un gran ahorro para el país, que no tiene que costear su formación. Cotizan a la SS y generan dinero desde el principio. Gracias a ello, las cuentas de la SS están dando superávits en los últimos años (muchos más ingresos, y pocos más gastos asistenciales). Estos buenos resultados estorban las pretensiones de privatización de la sanidad.
2. Las pensiones.
La población española envejece y esto causa problemas en el sistema de pensiones de la Seguridad Social. Los inmigrantes rejuvenecen la población y aportan dinero para las pensiones. También esto es un estorbo a las pretensiones de privatización de las pensiones.
3. Viento fresco.
La sociedad española se está quedando apolillada, enmohecida, demasiado estática. Algo pasa cuando un partido tan rancio como el PP se mantiene 8 años en el poder y sale de él un poco de carambola. En medio del conservadurismo apático que nos rodea, el ímpetu de los inmigrantes supone una nueva referencia para muchos.
4. Puestos de trabajo.
Un argumento que se usa contra la inmigración es que reduce los puestos de trabajo disponibles para los "nativos". Este es un argumento falaz. ¿Acaso se está diciendo que hay un número fijo, limitado, de puestos de trabajo en el país? Entonces la población no podría crecer nunca, ni por inmigración ni por natalidad. Por otro lado, los inmigrantes también son consumidores, con lo que incrementan el mercado y las oportunidades de negocio. Es la voracidad de los banqueros y grandes empresarios la que frena el desarrollo, estanca la economía y destruye puestos de trabajo.
5. "Enemigo" común.
También se argumenta que los inmigrantes cobran menos y ponen menos condiciones para trabajar, y que esto redunda en peores salarios y condiciones para los demás. Ahora bien, estas condiciones no las ponen los inmigrantes, que desde luego preferirían estar en igualdad con los "nativos". Los explotadores imponen distintas condiciones gracias a que se mantiene una diferencia artificial, que desaparecería si todos los trabajadores (inmigrantes o no) hicieran frente común contra la explotación.
6. Visión "clasista".
Al diferenciar entre "locales" e "inmigrantes", se está de hecho aceptando la idea de que hay diferencias entre unos ciudadanos y otros basándose en el criterio de que "siempre han estado ahí". Es el mismo argumento que aplican los poderosos, que mantienen las diferencias con el resto de la población basándose igualmente en el criterio de que "siempre han estado ahí" (en el poder).
7. Reciprocidad.
Las fronteras dificultan el paso de personas en busca de un futuro; también dificultan (mediante aduanas) el paso de mercancías que podrían suponer un futuro para esas mismas personas. Sin embargo, no se pone ningún impedimento al dinero y a las materias primas producto del expolio. ¿Cómo justificar a un tiempo el despojo y la segregación?
8. Países de frontera.
A Europa, baluarte autocomplaciente de los derechos humanos, no le interesa hacer visible la desigualdad de trato hacia los inmigrantes, sobre todo en las fronteras, donde se establecen las condiciones de entrada (indefensión, desigualdad, sometimiento, etc). Las fronteras se trasladan entonces al exterior, "fuera" de Europa. Los gobiernos de países de frontera, como los norteafricanos, conscientes de su papel, no dudan en reclamar su parte del pastel: hacen el trabajo sucio a cambio de dinero, y de este modo la inmigración se convierte en mercancía, en arma de propaganda para déspotas "amigos" de Occidente.
9. Retorno.
Una de las primeras preocupaciones de los inmigrantes, una vez establecidos, es ayudar a sus familias en origen, hasta tal punto que sus aportaciones están llegando a elevar el nivel de vida de regiones enteras. Cada año vemos circular en procesión a cientos de miles de inmigrantes que vuelven a sus países de origen, llevando un dinero, una esperanza y una experiencia que nosotros, europeos bienpensantes con la boca llena de "humanidad", no parecemos capaces de proporcionar.
Está claro que la inmigración es un problema a solucionar en origen. Pero es importante comprender que el problema está siendo generado desde aquí, y que el cierre de fronteras es parte del problema y no puede ser nunca parte de la solución.
viernes, 25 de enero de 2008
Aprender a amar
Me enviaron recientemente uno de esos emails en cadena que tanto me gustan (léase con tono irónico).
Para mi sorpresa, aunque estaba presentado en forma de "diapositivas" y como consignas, el contenido estaba bastante interesante; lo suficiente como para decidirme a transcribirlo aquí (modificando, eso sí, el formato en que me llegó).
El texto original, según la propia presentación, fue extraído del libro Extrañando a Dina, de Mario Alonso Madrigal.
-------------------------
En el amor, como en cualquier otra cosa de la vida, existen los tropiezos, las caídas y los dolores, y el miedo solamente dificulta más las cosas. Por ello no se debe rogar amor: una relación de pareja no es para vivir angustiado. Enamorarse no es obsesionarse ni irse a los extremos.
Es bueno ser como soy, siempre y cuando eso no implique dejar de respetar a quien esté conmigo.
Los planes pueden desaparecer en un instante, porque el futuro se mueve a su aire, no a mi conveniencia. Si puedo hacer algunas cosas en él, debería estar agradecido y no lamentándome por lo que no pude hacer.
Alrededor del amor se han creado muchas mentiras. Por eso debería dejar de volverle la cara a la verdad sólo para seguir en una falsa comodidad o por miedo al dolor. Si la vida me demuestra que aquello en donde puse mi corazón es una farsa, debo aceptarlo; llorando, desahogándome y renaciendo como una nueva persona.
También el amor propio es importante en una relación, porque...
A menudo, las cosas se consiguen esperando, y se arruinan presionando. Por eso es necesario tener paciencia, esperar tranquilamente y tener en cuenta:
El amor no es, ni justifica, ser posesivo. Que alguien se marche no es perder una pertenencia que me gustaba mucho. Mi pareja no es mía, es prestada, y su dueño tiene derecho a llevársela cuando desee. Y aunque ser dueño de alguien brinde más seguridad que tenerlo prestado, es preciso entender que eso es una ilusión. Aunque la crea mía, no lo es, por lo tanto...
Para mi sorpresa, aunque estaba presentado en forma de "diapositivas" y como consignas, el contenido estaba bastante interesante; lo suficiente como para decidirme a transcribirlo aquí (modificando, eso sí, el formato en que me llegó).
El texto original, según la propia presentación, fue extraído del libro Extrañando a Dina, de Mario Alonso Madrigal.
-------------------------
En el amor, como en cualquier otra cosa de la vida, existen los tropiezos, las caídas y los dolores, y el miedo solamente dificulta más las cosas. Por ello no se debe rogar amor: una relación de pareja no es para vivir angustiado. Enamorarse no es obsesionarse ni irse a los extremos.
Es bueno ser como soy, siempre y cuando eso no implique dejar de respetar a quien esté conmigo.
Los planes pueden desaparecer en un instante, porque el futuro se mueve a su aire, no a mi conveniencia. Si puedo hacer algunas cosas en él, debería estar agradecido y no lamentándome por lo que no pude hacer.
Alrededor del amor se han creado muchas mentiras. Por eso debería dejar de volverle la cara a la verdad sólo para seguir en una falsa comodidad o por miedo al dolor. Si la vida me demuestra que aquello en donde puse mi corazón es una farsa, debo aceptarlo; llorando, desahogándome y renaciendo como una nueva persona.
También el amor propio es importante en una relación, porque...
- quien no se ama a si mismo, difícilmente amará a otro.
- la partida de quien quiero no me hará sentir despreciado, humillado o rechazado.
- no seré tan sensible al abandono.
- no terminaré creyendo que me dejaron por feo o por tonto, y podré aceptar que simplemente funcionó durante el tiempo necesario.
- así no me arrastraré como alfombra a los pies de nadie.
A menudo, las cosas se consiguen esperando, y se arruinan presionando. Por eso es necesario tener paciencia, esperar tranquilamente y tener en cuenta:
- Que la impaciencia es producto de un impulso emocional, que tal vez pronto pasará.
- Que la impaciencia asfixia a quien está conmigo.
- Que la presión se puede convertir en falta de respeto.
El amor no es, ni justifica, ser posesivo. Que alguien se marche no es perder una pertenencia que me gustaba mucho. Mi pareja no es mía, es prestada, y su dueño tiene derecho a llevársela cuando desee. Y aunque ser dueño de alguien brinde más seguridad que tenerlo prestado, es preciso entender que eso es una ilusión. Aunque la crea mía, no lo es, por lo tanto...
- No puedo decidir sobre la vida de quien esté conmigo.
- No puedo esperar que actúe sólo de acuerdo a mis deseos.
- No debo controlar, manipular, adueñarme, ni decidir su destino.
- No debo reclamarle a la vida por hacerme devolverle lo que me prestó.
miércoles, 28 de noviembre de 2007
Educar
¿En qué consiste educar?
Como padre, muchas veces me he hecho esa pregunta. No es fácil, porque no hay un manual de instrucciones "cómo educar a sus hijos"... al menos, ninguno digno de verdadera confianza. Opiniones hay mil, soluciones y trucos hay millones. Y sigue habiendo padres preocupados, ansiosos, tensos, decepcionados, temerosos, incluso desapegados de la educación de sus hijos.
Algunos consideran que lo importante de la educación es dotar al niño de títulos. La educación se reduce a simple progreso escolar, cuantificable, mensurable en términos de éxito o fracaso. De paso, los padres disponen así de una herramienta cómoda y simple para medir su propio éxito como padres... y si las cosas van mal, acuden al psicólogo -para que trate al niño. Entre tanto, es probable que el niño acabe siendo un empollón (caso de tener éxito en la tarea), o un fracasado (caso de no tenerlo); probablemente, en cualquier caso, socialmente inadaptado.
Los abogados del entorno tratan de evitar al niño las "malas influencias". Procuran ocultarle la cara sórdida del mundo, para que crezca en un entorno saludable y enriquecedor. Desgraciadamente, con ello el niño se forma una imagen incorrecta del mundo... algo que le planteará serios problemas cuando, finalmente, se vea envuelto activamente en ese mismo mundo. Pero tarde o temprano el niño descubrirá el engaño (pues es así como lo vivirá), y probablemente adquiera una desconfianza crónica hacia los mayores, un punto de vista cínico sobre el mundo o, tal vez, incluso una fuga de esa obstinada, dolorosa y "equivocada" realidad.
Para algunos, lo importante es la disciplina y el orden. Se da por supuesto que sin un orden y una disciplina no hay progreso posible, y así se somete al niño a una disciplina de horarios, de actividades, de sueño, de amigos, de prácticas saludables. Se espera que el niño adquiera de este modo "hábitos correctos" y acabe haciendo propia esa disciplina para ser, en suma, disciplinado. Lo que adquiere, en cambio, es el hábito de regirse por disciplinas impuestas, cierta rigidez de pensamiento y la tendencia a acatar las normas sin cuestionarlas, siempre sometido a la voluntad de otros; o por el contrario (por efecto péndulo) a renegar de cualquier tipo de orden y control sobre la propia vida, en una espiral de negación sin sentido que suele conducir a la marginación, la exclusión y la autodestrucción.
Hay muchos otros modelos además de estos, en los que es fácil encontrar problemas similares a los descritos.
¿Qué hacer, entonces? ¿Cómo educar?
Un punto crucial, y que frecuentemente se pasa por alto, es el papel de absoluto protagonista que el niño desempeña en su educación. El proceso de aprendizaje es una tarea dirigida y controlada por quien está aprendiendo, no por quien pretende educar. No es el padre, o el profesor, quien educa al niño, sino el niño quien aprende de ellos. Aprender es una capacidad intrínseca del ser humano; educar, entonces, tendrá que ser básicamente orientar al niño para que desarrolle al máximo, desde dentro, su capacidad de aprender.
Así, en lugar de conseguir títulos, importa que el niño adquiera conocimientos sobre el mundo que le rodea y que aprenda a manejarlos; que aprenda a obtenerlos, a relacionarlos, a extraer conclusiones, a extrapolarlos. Importa que el niño aprenda a pensar.
En lugar de aislarle en un entorno confortable, importa que el niño se abra al mundo, lo conozca, lo integre, aprenda de las cosas que se han probado ya y del resultado que producen. Importa que el niño aprenda qué cosas necesitan ser cambiadas en el mundo en que vive, para así estar dispuesto a cambiarlas cuando llegue su momento.
En lugar de someter al niño a un esquema externo, diseñado por otros, importa que el niño aprenda a diseñar su propio esquema, aprenda a establecer sus propias normas, a desarrollar su propio criterio.
Educar consiste, en definitiva, en guiar el proceso que convierte a un bebé recién nacido absolutamente dependiente de sus padres, en un ser humano adulto, independiente y capacitado para transformar el mundo en el que vive.
Como padre, muchas veces me he hecho esa pregunta. No es fácil, porque no hay un manual de instrucciones "cómo educar a sus hijos"... al menos, ninguno digno de verdadera confianza. Opiniones hay mil, soluciones y trucos hay millones. Y sigue habiendo padres preocupados, ansiosos, tensos, decepcionados, temerosos, incluso desapegados de la educación de sus hijos.
Algunos consideran que lo importante de la educación es dotar al niño de títulos. La educación se reduce a simple progreso escolar, cuantificable, mensurable en términos de éxito o fracaso. De paso, los padres disponen así de una herramienta cómoda y simple para medir su propio éxito como padres... y si las cosas van mal, acuden al psicólogo -para que trate al niño. Entre tanto, es probable que el niño acabe siendo un empollón (caso de tener éxito en la tarea), o un fracasado (caso de no tenerlo); probablemente, en cualquier caso, socialmente inadaptado.
Los abogados del entorno tratan de evitar al niño las "malas influencias". Procuran ocultarle la cara sórdida del mundo, para que crezca en un entorno saludable y enriquecedor. Desgraciadamente, con ello el niño se forma una imagen incorrecta del mundo... algo que le planteará serios problemas cuando, finalmente, se vea envuelto activamente en ese mismo mundo. Pero tarde o temprano el niño descubrirá el engaño (pues es así como lo vivirá), y probablemente adquiera una desconfianza crónica hacia los mayores, un punto de vista cínico sobre el mundo o, tal vez, incluso una fuga de esa obstinada, dolorosa y "equivocada" realidad.
Para algunos, lo importante es la disciplina y el orden. Se da por supuesto que sin un orden y una disciplina no hay progreso posible, y así se somete al niño a una disciplina de horarios, de actividades, de sueño, de amigos, de prácticas saludables. Se espera que el niño adquiera de este modo "hábitos correctos" y acabe haciendo propia esa disciplina para ser, en suma, disciplinado. Lo que adquiere, en cambio, es el hábito de regirse por disciplinas impuestas, cierta rigidez de pensamiento y la tendencia a acatar las normas sin cuestionarlas, siempre sometido a la voluntad de otros; o por el contrario (por efecto péndulo) a renegar de cualquier tipo de orden y control sobre la propia vida, en una espiral de negación sin sentido que suele conducir a la marginación, la exclusión y la autodestrucción.
Hay muchos otros modelos además de estos, en los que es fácil encontrar problemas similares a los descritos.
¿Qué hacer, entonces? ¿Cómo educar?
Un punto crucial, y que frecuentemente se pasa por alto, es el papel de absoluto protagonista que el niño desempeña en su educación. El proceso de aprendizaje es una tarea dirigida y controlada por quien está aprendiendo, no por quien pretende educar. No es el padre, o el profesor, quien educa al niño, sino el niño quien aprende de ellos. Aprender es una capacidad intrínseca del ser humano; educar, entonces, tendrá que ser básicamente orientar al niño para que desarrolle al máximo, desde dentro, su capacidad de aprender.
Así, en lugar de conseguir títulos, importa que el niño adquiera conocimientos sobre el mundo que le rodea y que aprenda a manejarlos; que aprenda a obtenerlos, a relacionarlos, a extraer conclusiones, a extrapolarlos. Importa que el niño aprenda a pensar.
En lugar de aislarle en un entorno confortable, importa que el niño se abra al mundo, lo conozca, lo integre, aprenda de las cosas que se han probado ya y del resultado que producen. Importa que el niño aprenda qué cosas necesitan ser cambiadas en el mundo en que vive, para así estar dispuesto a cambiarlas cuando llegue su momento.
En lugar de someter al niño a un esquema externo, diseñado por otros, importa que el niño aprenda a diseñar su propio esquema, aprenda a establecer sus propias normas, a desarrollar su propio criterio.
Educar consiste, en definitiva, en guiar el proceso que convierte a un bebé recién nacido absolutamente dependiente de sus padres, en un ser humano adulto, independiente y capacitado para transformar el mundo en el que vive.
La otra cara de Africa
En estas fechas tan entrañables, tan dadas al amooooor y a los buenos sentimientos, hay en la TV (y la radio y la prensa) montañas y montañas de anuncios que tratan de apelar a esa sensibilidad para.... sacarnos la pasta.
La mayoría son imágenes tristes, lacrimógenas, sucias, lamentables. Reflejan sufrimiento y lanzan un mensaje claro: acaba con este sufrimiento dándonos tu dinero.
En realidad, esto muestra hasta qué punto es cierto que, en este sistema, todo es un negocio. Empresas vestidas de ONG comercian con las imágenes de sufrimiento obtenidas en cualquier sitio. Venden tranquilidad de conciencia, de modo muy similar a como, no hace tanto, la iglesia católica vendía bulas e indulgencias por un puñado de dólares. Qué parte de ese dinero realmente llega a quien lo necesita, es un dato que no se suele decir, puesto que rara vez llega al 20%.
Pero al margen del negocio de la navidad, lo más patético es que estas imágenes reflejan una visión del Africa que no es cierta. Occidente se viste de bienpensante para criticar, como una vieja envidiosa y caduca, el empuje juvenil de Africa y buena parte de Asia. La realidad es bien otra que la que se presenta: a poco que uno viaje y vea mundo, enseguida descubre que ese mundo triste, gris, lúgubre y lamentable no se encuentra al ir, sino al volver. Y a veces uno se pregunta si realmente merece la pena volver.
La mayoría son imágenes tristes, lacrimógenas, sucias, lamentables. Reflejan sufrimiento y lanzan un mensaje claro: acaba con este sufrimiento dándonos tu dinero.
En realidad, esto muestra hasta qué punto es cierto que, en este sistema, todo es un negocio. Empresas vestidas de ONG comercian con las imágenes de sufrimiento obtenidas en cualquier sitio. Venden tranquilidad de conciencia, de modo muy similar a como, no hace tanto, la iglesia católica vendía bulas e indulgencias por un puñado de dólares. Qué parte de ese dinero realmente llega a quien lo necesita, es un dato que no se suele decir, puesto que rara vez llega al 20%.
Pero al margen del negocio de la navidad, lo más patético es que estas imágenes reflejan una visión del Africa que no es cierta. Occidente se viste de bienpensante para criticar, como una vieja envidiosa y caduca, el empuje juvenil de Africa y buena parte de Asia. La realidad es bien otra que la que se presenta: a poco que uno viaje y vea mundo, enseguida descubre que ese mundo triste, gris, lúgubre y lamentable no se encuentra al ir, sino al volver. Y a veces uno se pregunta si realmente merece la pena volver.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)